viernes, 08 de diciembre de 2006
A mi amigo Sebastián
Hoy que haz muerto no extraño más nada por el temor a la pena y el asomo de la nostalgia; algunos vericuetos intentaron ofuscarte en muerte.
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Suéltenle, ayúdenle que lo están matando, no ven rocearce la vida en gotas de sangre, por huecos hartos de ser agujeros .Mírenle, esta loco, no tiene razón salvo en la mirada de valiente .No, no lo dejen irse ,el sí quizo quedarse ,tinkar la alfalfa ,arrancar la muña.
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Se lo llevaron un lunes de mañana, de noche estrellada y de suelo quejumbroso; fueron tres, yo les vi. ,tres fueron los captores y tres los asesinos .
Rompieron la puerta, borraron la alegría, y al pan llorar le hicieron.
Cruzaron el dintel como zorros en busca de pollitos, cortaron la vida de un manotazo, y sacaron puros finaditos. La vicuña y su hermano lule, lloraron sus decesos, su canto fue triste y su paso condenado, pobres bestiecitas que por sentir lloran.
Los grillos no pararon de gritar esa noche y las huacas escupían mil blasfemias.
Como no despertaste Apu mío, eran tus hijos aquienes arrancaban de la tierra, tus retamas pisoteadas.
La mañana aclaro y declararon fiesta los invasores, trajeron orquesta, calatas y animador; nadie bailo, solo “esos”, y los otros; chuparon como cerdos y cagaron como embajadores.
Cortó estas piezas, pues el humero me lo partieron en el desfile de espinazos quebrados.
Y la mañana volvió a florecer sin hojas.
Y el día nuevo llego sin vicuñas
Y el día se hizo socarrón, y se ausentó.