viernes, 18 de noviembre de 2005
...No era uno de esos individuos esclavos de su palabra; todo lo contrario: actuaba tan despóticamente con sus promesas que hacía de ellas lo que quería.
(Georg C. Lichtenberg)
Cómo convertirse en un hijo de puta, la enciclopedia del mundo de Herminio Bolaextra
Guión: Mauro Entrialgo, Ata, Santiago Orue
Dibujo y gráficos: Mauro Entrialgo, Ata, Santiago Orue
¡CALLA Y VOTA!
(La Perversión de la democracia)
Por Rafael S. Avello
Uno no sabe ya si es que hemos alcanzado la perversión del sistema democrático o si, tal vez, nunca hemos llegado a tener un sistema verdaderamente democrático, porque necesita un par de generaciones vírgenes para su implantación. Aunque lo más probable sea que todavía no se nos haya caído el pelo de la dehesa de la «democracia orgánica» y conservemos sus «tics». Lo cierto es que la última votación «secreta» en el Congreso me conduce inevitablemente a esa reflexión. Voto secreto, sí; pero a los diputados del PP, el partido les da ya la papeleta que deben depositar, no sea que alguno «vote en conciencia» y tengamos un lío a lo tonto. El hecho, inevitablemente, me lleva a una anécdota de los últimos años del franquismo, con el referéndum convocado por el régimen del general. Contaban entonces -y lo recuerdo con nostálgico humor, aunque nunca supe si fue cierto o era un bulo mitificador- que en una iglesia de las cuencas mineras asturianas, al acabar la misa dominical, el sacerdote se dirigió a los fieles y les dijo:
-Los que vayáis a votar «sí» en el referéndum, tenéis las papeletas en la mesita de la salida; los que vayan a votar «no», que se pasen a recogerla por el cuartel de la Guardia Civil.
Han pasado 30 años de esa chusca escena; pero aquella democracia orgánica sigue vigente. Los diputados populares que vayan a votar «sí», que pasen por Génova a recoger la papeleta; los que vayan a votar «no», que se acerquen a la oficina del Inem a por ella. Un hecho que, mucho me temo, sea un síntoma de que el objetivo fundamental de los nostálgicos del franquismo -denostar la democracia; desprestigiar la calidad del voto libre y universal como instrumento base de la política- haya empezado a tener un cierto éxito. Porque son muchos los indicadores de que o hemos caminado en círculo o sobre una cinta sin fin. Cada vez son más los ciudadanos que opinan que para ese viaje no hacían falta las alforjas de la transición.
Por desgracia, ese mirar atrás tratando de ver el camino recorrido, es aún más descorazonador en mi profesión, el periodismo.
Y sólo tiene dos salidas: hacerse un «lifting» de conciencia política y recuperar el juvenil aspecto de los 20 años, o seguir caminando con las alforjas sobre esa cinta sin fin, esperando que se pare, aunque sea por una avería, para confirmar que ciertamente avanzas. Claro que en aquel referéndum de la anécdota, quienes no tuvieron problema para votar fueron los que no acudieron a aquella misa. Era otra opción para esos diputados que desean votar «sí» o «no», pero en conciencia.
(http://www.humordaz.com/politica.html#arriba)