jueves, 17 de noviembre de 2005

LA SOLUCION

LA SOLUCION
La señora vestida herméticamente de negro pidió hablar con el gerente de la empresa funeraria y a los pocos minutos, era recibida en un severo despacho de alfombras y muebles grises cuyo aspecto sobrecogía en tal forma que hasta un burro habría comprendido que allí no vendían alfalfa sino cajones de muerto. El hombre –de rostro impersonal, pálido, voz grave y como hecho a la medida para el ambiente- extendió una mano helada a la visitante, mientras la invitaba a tomar asiento primero y exponer el motivo de su presencia después.
-He venido a verlo –dijo- porque estoy en un problema terrible, para cuya solución necesito urgentemente su ayuda oiga usted...
E hombre la miró como si le hubiera pisado la cola
-Señora, no sé de que se trata pero me adelanto a decirle que el ramo funerario trabaja estrictamente al contado. Como usted sabrá, la gente se muere al contado no a plazos. Y por lo tanto, sería ridículo enterrarla a plazos y no al contado. Además hay muertos muy sinvergüenzas que se mueren, uno los entierra a crédito y después no pagan... justamente, hace un mes tuvimos que desenterrar a uno porque la familia nos entregó un cheque firmado por el muerto y después, en el banco, no lo recibieron, de manera que lo tenemos aquí en el sótano, hasta que...
-¡Por favor –interrumpió la dama- no siga usted, porque se trata de algo muy distinto. Además, me parece horrible enterrar a un difunto en cómodas cuotas mensuales, como dicen por radio. No. Mi problema, señor, es que mi marido ha muerto...
-¡Ah, -se alegró el gerente- entonces, si se ha muerto no hay problema... como se dice vulgarmente “muerto el perro, se acabó la rabia...” disculpe la expresión... Pero, ¿preocuparse por un muerto... cómo se le ocurre, señora? ¡Usted pone al muerto, nosotros ponemos el cajón y lista el pollo, digo el muerto... perdón!
-¡No, no –negó la mujer- usted no me comprende. Mi marido chocó el auto y quedó hecho un acordeón.
-¡No se preocupe –tranquilizó el otro- la casa tiene un servicio de planchado que le deja un cadáver como recién salido de Misa...!
-Sigue –usted sin comprenderme. Escuche... como chocó sin documentos, el guardia le puso una papeleta póstuma y después lo llevó a la morgue, para que le hicieran el dosaje etílico y averiguarse las causas de su muerte...
-¡Pero, ¿cómo... no dice que murió en un choque?
-Sí, pero en la morgue querían saber si no había muerto de otra cosa: Peritonitis, pulmonía y en fin eso de que se mueren los muertos... Bien, resulta que cuando lo tenían convertido en presas, ocurrió el temblor de anoche, ¿recuerda?
-¡Cómo no recordarlo... si un cajón se le cayó encima al guardián y tuvimos que enterrarlo gratis!
-Sigamos con mi asunto, si no le molesta... Producido el temblor, todo el mundo salió corriendo y en la confusión, parece que se armó una ensalada de cadáveres y total, cuando me entregaron a mi marido caía una pierna izquierda de mujer y una pierna derecha de color negro...
-¿Y eso le preocupa, señora? Por favor, en el cajón no se ven las piernas...
-Espere –lo contuvo ella- tampoco le encontraron el tórax, de manera que le cosieron directamente los hombros con la cintura... ¿comprende?
-¡Tampoco es problema, casera... con subir la tapa hasta el pescuezo y hacerle unos bobos de capitoné con luna que sólo deje ver la cara...!
Es que la cara tampoco es de mi marido, ¿se da cuenta? ¡Ese es el problema... porque también le cambiaron la cabeza...!
-Pero dígame, señora, hay algo en ese rompecabezas que “sí” pertenezca a su marido...
-Bueno –se ruborizó- hay solamente una cosa, pero no puedo decirle de qué se trata...
El tipo asintió, comprensivo
-Permítame decirle, señora, que ese tampoco es problema para nosotros. Tenemos cajoncitos de todo tamaño y también lo hacemos sobre medida. Simplemente, enterramos nosotros lo que es suyo y devolvemos el resto a la morgue, porque a lo mejor les faltan otros pedazos para completar otros fiambres... perdón otros cadáveres...
-Oiga usted, pero sería ridículo enterrar un cajoncito el veinte centímetros... además, que diría la gente... porque todo el mundo se dará cuenta...!
-Tampoco es problema, señora... Embalsamamos lo suyo y se lo damos para que lo guarde en la mesa de noche, como recuerdo, y en vez de su marido enterramos dos sacos de carbón, con un cajón cerrado “Por expreso deseo de la familia” ¿Le parece bien...?
Al día siguiente se realizó la ceremonia.

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Publicado por nostambulo @ 1:13 | 1 Comentarios | Enviar

Comentarios

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  • Autor: almaperdidaT_T
  • Fecha: jueves, 17 de noviembre de 2005
  • Hora: 17:21
a
rayos... que espelusnante... aaaaaaaaaaaaaaaaaaa
ademas de decirnos que todo es solo negocio.....
hombre sera.. tienes una forma de desir las cosas que solo tu sabesSonrisa